Verano de 2017. Habíamos descubierto el lago Falkner, camino a San Martín de los Andes desde Villa La Angostura, y volvíamos varias veces por temporada. El fogón principal siempre se armaba en el mismo lugar, y yo ya tenía en mente la foto: necesitaba una noche de luna llena, para que el fondo se viera iluminado, y tener el control del fogón para lograr la llama que imaginaba.
La clave era la leña, mucha leña, y éramos solo dos. Salimos a buscar ayuda con un trato: a quien nos ayudara le regalábamos una foto de su grupo con un fondo de estrellas patagónico. Encontramos a siete chicos de Mendoza con dos camionetas gigantes. Les mostré otras fotos que había sacado ahí y les pareció un planazo. Al rato estaban cargando leña en las camionetas mientras nosotros tomábamos sol.
Volvieron con toneladas. Poco a poco todo el camping se fue acercando al fogón, y yo tenía el trípode clavado desde temprano en el lugar exacto para alinear el fuego, la gente y las montañas. Cuando el fogón llegó a su punto máximo, alguien tiró un leño que levantó una lluvia de chispas. La foto es de ese instante.











