Hicimos noche en el refugio El Capricho, en la cumbre del Cerro Bayo, a 1780 metros. Sacamos fotos nocturnas hasta que empezó a soplar el viento. Mucho viento. Nos metimos en el refugio y armamos un buen fuego para pasar la noche.
Me desperté con la alarma y el techo crujiendo por el viento. La leña se había consumido hacía horas y estaba literalmente helado. Abrí medio ojo y vi lo que se venía: un amanecer épico. Me abrigué como pude y agarré la cámara, que había dejado lista la noche anterior. Abrir la puerta me costó muchísimo, y cuando salí, el viento la cerró de un portazo que casi la rompe. Apenas podía caminar.
Me cubrí al costado de una montaña de nieve y esperé hasta que el cielo se pintó como esperaba. Justo antes de que los primeros rayos tocaran las montañas, saqué esta foto. Ese día aprendí que en la montaña se usan guantes para sacar fotos.











